jueves, 13 de septiembre de 2012

Terapia de choque

En ciertas épocas del año, sin causa aparente o quizá sí, normalmente en coincidencia con determinadas circunstancias (incertidumbres, despedidas, cambios de luz – digo yo), se me pone un nudito en la garganta, un nudo más o menos incómodo, decididamente molesto, pero que no me impide hacer vida normal. Una persona como yo, con la necesidad permanente de tener una banda sonora vital (debe ser un trastorno psíquico no diagnosticado), en esas situaciones de melancolía estacional/circunstancial puede tener ganas, incluso llegar a hacerlo, de escuchar cierto tipo de música, porque el cuerpo, que no tiene piedad, te lo pide. [spoiler: más abajo hay canciones-caca, no os asustéis por el tono trascendental].

¿Lars von trier o Camilo Sesto?

Si te pasa como a mí, se te abren varias vías: podrías escuchar algo de la rama de lo bonito pero triste, por ejemplo algo de Magnetic Fields, que en un momento de descuido podría hacer que pasaras del pequeño bajón pasajero a la tentativa autolítica; quizá algo más ñoño, como Regina Spektor, que te ayudaría a racionalizar tu estado emocional por medio de un discurso interno tipo Grey's Anatomy (se han dado casos). Si, como a mí, la tal Grey te parece una sobrada y una sabelotodo insufrible, tampoco te lo recomiendo. Sentirás la tentación, pero ni se te ocurra probar con cosas tipo Nacho Vegas, y por supuesto nunca Nick Drake (murió por sobredosis de antidepresivos, creo que no hace falta decir más).

No. Lo siento, son vías fallidas. Con estos métodos, en situaciones de debilidad emocional, pasados unos cuantos minutos se puede llegar a producir una reacción de corte melodramático que hay que atajar como sea. Extremis malis, extrema remedia, drogas duras y volumen alto. Artillería pesada. Así que se me ocurre rescatar algunas de las piezas más indescriptibles de la temporada para sobrellevar estos días extraños. Tres píldoras para digerir mejor el fin del verano y engañar a la tristeza otoñal.
  1. La primera píldora, aviso, es un poco difícil de tragar. Una de esas pastillas que, por más que te esfuerces, se quedan pegadas en la parte trasera del paladar y te pueden producir una media arcada, pero que al final acaban pasando (y entonces ya te quedas a gustico). Solo Leticia Sabater podía intentar colarnos una canción del verano en septiembre... y conseguirlo. Eso, boys and girls, es una lección de optimismo y todos nosotros deberíamos tomar ejemplo. Si te sorprendes imitando el movimiento de manos de Leti o su indefinido acento, y canturreando cosas como “cuerpos musculosos, me pone su anaconda”, está claro, deberías preocuparte por otras cosas pero YA NO por tu bajón.


  2. Un tratamiento de choque tiene sus peligros: productos potentes a dosis altas, el riesgo es evidente. Christina Rapado lo advierte en el videoclip de Marikona: “si usted visualiza este vídeo tres veces seguidas morirá en una semana”. Yo corregiría la advertencia, la muerte puede ser inmediata, al menos para alguien con un mínimo de sensibilidad auditiva  – o de cualquier otro tipo. No creo que haya nadie capaz de visualizar este vídeo tres veces seguidas (ni siquiera apuesto porque muchos de vosotros podáis completar una sola visualización), pero si alguien tiene suficiente estómago como para hacerlo y aún así teme las consecuencias, puede alternarlo con el anterior. Es solo una sugerencia.


  3. No podemos ignorarlo, las terapias orientales son una tendencia al alza. En este caso el K-pop (pop coreano – del Sur, obviamente, en el Norte son más de Disney) es una opción muy recomendable, y PSY, fenómeno global entre los fenómenos globales, una elección ideal. No daré datos de las vistas en YouTube de Gangnam style, porque no merece la pena (suben a razón de unos 10 millones al día), pero son de largo más de 150 millones. Más de 150 millones de personas no pueden estar equivocadas. Vale, pueden estar equivocadas, pero seguro que no están tristonas como nosotros. Incluso Britney lo baila, ¿véis a Britney triste? No. A todos nos gusta un tipo que canta sentado en el váter y dentro de autobuses con bolas de discoteca, si estás melancólico después de esto consulta con un especialista. ¿Explicaciones sociológicas para estos éxitos virales? Está la cosa muy mala. Al mundo le gusta un WTF. Y tranquilos, según mis cálculos ya casi le toca pasar de moda.

Lo sé, estos tratamientos son duros y en ocasiones tienen efectos secundarios. Si observas mareos, fiebre, temblores o cualquier otro tipo de síntoma que puedas relacionar con dicho tratamiento, te recomiendo una cura de silencio. Si ha funcionado, no recordarás por qué estabas mirando por la ventana con ojos de cordero degollado y ya solo te preguntarás qué pretendía Leticia Sabater haciéndonos ver esa teta pixelada. Es así, las torres de marfil se fabrican a veces con los materiales más insospechados, y de vez en cuando todos necesitamos subirnos a la nuestra, aunque solo sea un rato. Feliz rentrée.

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